
De regreso a la realidad, después de haber estado hospedada en hoteles de lujo en el puerto de Veracruz y viajar en un automóvil único, me topo con un camión destartalado que llama mi atención.
La característica particular de este cuatro ruedas no es que tenga más de 15 años circulando, ni que sus asientos sean incómodos, viejos o sucios, lo que me saca de onda totalmente es la ambientación que llevaba.
Regularmente cuando vuelvo del trabajo a mi casa, porque debo tomar un camión que me lleve a mi ciudad (las oficinas están en Xalapa y yo vivo a 10 minutos), los choferes cafres escuchan chunchaca, banda, salsa y tururú.
Ese día el conductor puso música de Los Beatles, todos estaban ad hoc, algunos con el corte de Paul McCartney, otros bailaban, hasta un niño tarareaba como si él conociera al tan famoso grupo y ya entrada la cosa, me puse a cantar mientras admiraba el paisaje.
Help, I need somebody,
help, not just anybody,
help, you know I need someone,
help¡¡¡¡¡¡¡¡¡
La beatlemanía y la melancolía nos invaden…
